26 marzo 2012

A book in a life 04

Llega un momento en que crecer significa tanto experimentar el más intenso de los placeres como caerse de esas alturas y acabar magullado hasta en los rincones más insospechados. Con cierta perspectiva adquirida, y desde mi propia experiencia, no cambiaría nada, ni siquiera la multitud de moratones con los que terminé durante aquellos primeros años de la veintena. 

Son años extraños también, eres lo suficiente mayor para ser considerado un adulto, pero aún con claras inclinaciones peter-panianas (a algunos, esas nunca se nos van), y todo parece consistir en probar donde están los límites y las consecuencias de toparse con ellos. 

Y en cierta manera las lecturas adoptan una cierta crueldad de la que antes no eramos tan conscientes, una crueldad ligada con el idealismo con el que coloreamos todo, esa crueldad de la juventud.

- El Llano en Llamas de Juan Rulfo.
¿Cómo puede alguien no sentir esa ansiedad y esa sed insaciable leyendo a Rulfo? Sus palabras son el desierto mexicano, su voz es ese sol que parece que golpee imparable la tierra y las cabezas de sus habitantes hasta la sumisión. Pedro Páramo es, es cierto, sobrecogedora, pero sus cuentos son la desolación, la tristeza más bella. Juan Rulfo, tanto en cine, como en fotografía, como en literatura, es uno de esos grandes monstruos que te agarran el corazón y lo aprietan un poco para que sepas que de vez en cuando sentir, no es sólo sentir gozo.
- El Siglo de las Luces de Alejandro Carpentier.
A pesar de todas mis posibles objeciones a Carpentier como persona política (y, lo siento, siendo un escritor cubano, por fuerza hay algo político en todo lo que que haga o diga, puede no haberle gustado a él, pero en ocasiones somos también circunstancias), su capacidad de creación de mundos adolescentes es mágica. Tan mágica como la isla.
- El Perfume de Patrick Süskind.
Mi lectura generacional, todos tenemos alguna; veremos como sobrevive al tiempo. En todo caso, la capacidad evocadora de la narración resulta difícil de olvidar. El camino que recorrerá Grenouille, significativamente maestro en aquello que más carece, es, en el fondo, un recorrido que todos hemos de hacer.
- La Roca de Tanios de Amin Maalouf.
Con este libro aprendí que pocas veces importa que es la verdad, pues lo que queda es la historia que se cuenta de esa verdad. Leer a Maalouf es siempre un placer (si no habéis leído León el Africano, no sabéis lo que os estáis perdiendo) pero el juego de perspectivas y voces de La Roca de Tanios fueron para mi todo un aprendizaje.
- Anna Karenina de Lev Tolstoi.
Supongo que es por el tren. Anna no es uno de mis personajes preferidos, su moralismo me agota, reconozco que prefiero la beatería de la otra Ana, la Regenta; pero son las escenas con el tren las que me dejaron totalmente descolocada. Esa masa de hierro negro humeante y peligroso acechando continuamente.

He intentado, en estas pocas entradas, hacer un ejercicio en memoria. Resulta extraño darse cuenta que, a pesar de ser una mis grandes pasiones, la lectura ya no me afecta de la misma manera en la que estos libros me afectaron. A pesar de eso, se que, ya sea por conseguir un pequeño atisbo de esas emociones, o porque he adquirido otras capacidades y habilidades a lo largo de los años para apreciar y entender el lenguaje narrativo, los libros seguirán siendo una parte importante tanto de mi vida, en ese sentido tan absurdamente abstracto de la palabra, como de mis costumbres y rutinas diarias. 

Como dijo Machado, "el camino se hace al andar", así que hacia adelante, que aún quedan muchas cosas. 

A book in a life 1, 2, 3.

8 comentarios:

  1. pienso lo mismo de anna karenina. me recuerda a algo similar que me pasó con clarissa de samuel richardson. pero bueno, tienen su encanto. saludos! me gusta mucho tu blog :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No es que Anna Karenina (el libro) me disgustará, al contrario. Y tampoco es que el personaje lo encontrara horrible, es verdad que tiene su encanto... pero Ana Ozores y el erotismo de su religiosidad... oh, son muuuucho más interesantes!
      Y gracias!!

      Eliminar
  2. A menudo me parece que las cosas ya no me emocionan tanto como cuando era más jóven. Parece que el hacerse mayor sea sinónimo de volverse cínico o descreído y por eso he llegado a la conclusión de que las pequeñas victorias en la vida son las de seguir emocionados o ilusionados con cosas como cuando teníamos 14 o 4 años. Lo contrario es morir un poco por dentro cada día. Me gusta mucho esta serie que haces, seguirás con ella?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo creo que las sentimos distinto, menos a flor de piel, menos intensas. En parte es una pena y en parte es un descanso (imagínate sentir las cosas toda tu vida tal y como las sentías a los 16 años... overload!), y también adquieres otras maneras de disfrutar, no? Y si, de repente, como bien dices, te topas con algo que te ilusiona como entonces, resulta el doble de emocionante!
      En principio esta era la última entrada...

      Eliminar
  3. He disfrutado muchísimo tu lista de libros (todas ellas) y lo cierto es que hay varias cosas en común, excepto Baroja, si tú odias a Flaubert, yo odio con todas mis fuerzas El árbol de la ciencia.
    Creo que te robaré la idea :P

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, y es curioso no? esos autores que no hay manera que te gusten...
      La idea inicial de estas entradas es de Elena, yo solo los pasé por mi tamiz, así que roba, roba! XD

      Eliminar
  4. Eso es la puerta de "Shakespeare & Co", ¿verdad?. Debo ser el único degenerado que me he fijado más en la librería que en la pareja que se da el lote.....

    ResponderEliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...