24 marzo 2010

Lord Jim de Joseph Conrad

Empecé Lord Jim por varios motivos sin mucho sentido, porque me gustaba la portada que la edición de Penguin encargó a Phil Hale, porque solo me había leído El Corazón de las Tinieblas, porque resulta que fue muy amigo de Ford Maddox Ford antes de que el temperamento de ambos (aunque seguro que fue por Ford) hiciera que dejaran de hablarse, porque gracias la película de Swept by the Sea me iluminé de la belleza de Rachel Weisz,… En el fondo, supongo, que es que a pesar de la multitud de maravillosos libros actuales, aquellos que llevan unos cuantos años de rodaje y se mantienen firmes me apetecen más.

Una de las primeras cosas que hago antes de empezar un libro (que tanto puede ser un error como un acierto, pero pocos ánimos tengo ya para leer un libro que no se quede conmigo para siempre o, por lo menos, una muy larga temporada) es buscar un par de reseñas u opiniones acerca de éste. La mayoría de las que encontré sobre Lord Jim declaraban el libro “difícil”, “estéticamente complicado”, por lo que algunos lectores lo dejaban sin terminar. A pesar de ser una gran creyente de ese pequeño 'credo del lector de Pennac', dejar un libro porque no te acompaña de la mano desde el principio me parece, por norma, un ejercicio de vagancia, así que lo que tantos parecía repeler, a mi me atrajo. La estructura de Lord Jim me apareció similar a la de El Corazón de las Tinieblas, aunque a mayor escala; Charles Marlow sigue siendo la voz que nos explica la historia de otro personaje. Este personaje-observador que procesa la historia, a la práctica para el lector en teoría para un público (más o menos) atento, es una de las más habituales convenciones de sde que la novela es novela, así que no se donde se encuentra la dificultad de atreverse con Lord Jim.

La historia de Jim es otra cosa, eso sí. Al menos en mi caso. Así como El Corazón de las Tinieblas se me hizo tediosa (cuando no algo repugnante, debo admitir) la historia de Jim me hace cuestionar cuales de mis valores morales son inherentes a la sociedad en la que he nacido y de cuales soy capaz de desviarme, de cuales creo que me desvió para, en el fondo, seguir siendo miembro del maravilloso 'stablishment', cuando los comprometo para ser políticamente correcta (teniendo en consideración que la corrección política es uno de nuestros mantras modernos), que es lo que he creado yo y hasta que punto se puede considerar creación propia cuando yo misma soy producto de una época y de unas consecuencias.

Jim es un romántico, pero Jim no es Lord Byron, ni Werther; el romanticismo de Jim se fundamenta en una red de normas sociales y morales fuertemente ligadas a una de las “corporaciones” más poderosas en su momento: la marina Inglesa. La joya de la corona, la que mantuvo el gran Imperio Británico a flota, la que consiguió dominar gran parte del mundo bajo un mismo yugo durante un par de siglos (y desde una muy pequeña metrópolis, en comparación, situada en el mar del Norte)... no un Goliath cualquiera al que cruzar.

La culpa de Jim, por mucho que se base en estados anímicos románticos, parte siempre de una estructura social bien establecida en lo que un hombre debe “ser y hacer”, de lo que un hombre debe “lograr”. Su culpa, su cobardía en el Patna, creara en Jim un proceso de interrogación del lugar que ocupará él en ese sistema; a partir de ese brecha irreparable que Jim crea no solo convirtiéndose en lo que todos tienen miedo de ser si no en lo que el mismo nunca imaginó ser... pues el sistema ya no es únicamente externo (menos aún si es capaz de mantener las estructuras metropolitanas a miles de kilómetros y años de su origen).

Es Kant quien me viene a la mente, en cierta manera, en su búsqueda de conocimiento, en ese "paso lógico". Ese tipo de romántico, que cuestiona y hace cuestionar desde dentro del sistema (pues es un producto del mismo), atacando las conciencias de la red a la que pertenece, haciendo reaccionar a todos aquellos que pertenecen a ésta de una manera u otra, estableciendo lo que se considera honorable y lo que no, lo que es "ser" un hombre es ese momento y en ese espacio concreto. Jim es un "paso lógico" de ese sistema que ata a los hombres a una conducta moral y social concreta, es el paso lógico de preguntarse las consecuencias de lo que no debe hacerse.

Pero Lord Jim es, también, dos libros dentro de uno. Dos narraciones dentro de una misma historia, filtradas por más de un personaje, ya no solo Marlow, que construyen el final de la historia de Jim, recreando una narración que difiere de la primera en la que Jim sigue siendo el axis bajo el que giran las conciencias. La lentitud y la atención al mínimo detalle emocional y mental que Marlow observará en Jim en la primera parte, pasan a un relato de características míticas bajo los ojos de la selva de Patusan. Y será allí dónde el misterio de Jim se resolverá de la única manera en la que puede resolverse. Y el sacrificio que la sociedad exigía de él a través de la propia conciencia de Jim llegará a a su fin.

No, Lord Jim no es fácil de leer, como no lo es ninguna de las novelas de Joseph Conrad pero no por motivos estilísticos o narrativos, sino por Jim en sí mismo, capaz de poner en evidencia la disparidad entre como nos vemos a nosotros mismos (y nuestras circunstancias) y como nuestras acciones nos terminan definiendo, ¿cómo asimilar esa diferencia? y ¿por qué esa diferencia? Jim es, al fin y al cabo, “one of us”.


Edición castellano: Mondadori, Alianza, Edaf, Ediciones B, DeBolsillo...

(Crédito de Imagen: Penguin Classics y Phil Halle)

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