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02 enero 2015

Los libros de 2014

Iba a hacer trampa, no exactamente de la mala pero trampa al fin y al cabo, pero no, estoy tratando de comportarme bajo ciertos standards; el principal de ellos reside básicamente en editar la vida que cuento por aquí solo hasta cierto punto (es decir sin exagerar, cuidado con los superlativos este año). Así que  no, no empecé el año con una de las mejores novelas que jamas haya leído en estos últimos años (y ya me paso lo de los superlativos por el...), no, no empecé con A High Wind in Jamaica. Hubiera empezado con ella, sólo que me gustó tantísimo que me la leí en apenas unos días.


Empecé con una decepción, un libro del que esperaba mucho, pero que para el final, nada: el tercer libro de 1Q84 es como un globo que se deshincha. Sí, hubiera preferido que el libro de Hughes me inaugurara el año, por eso quería hacer trampa. Por suerte, dos amigos muy distintos me recomendaron otros muy distintos libros y remontaron la caída en picado: The Quiet American de Graham Greene y One Day in the life of Ivan Denisovich de Aleksandr Solzhenitsyn. Inesperadamente la cosa parecía no solo mejorar si no que el sol salía de entre las nubes. De Vietnam y de esas buenas intenciones que empapelan tantos sitios a que un gulag en Rusia pueda ser, de hecho, un sitio en el que encontrar esperanza. No es tarea fácil.

Promethea fue mi primavera, lo curó todo y me puso enferma, me inspiró y… me propongo leerla de nuevo porque hay cosas que estoy segurísima que me he perdido. Aunque creo entender que esa es una reacción habitual.

Pero a partir ahí: cero, nada, zilch. Así que acepto con cierto grado de claridad que el propósito inicial de este blog dejó de ser tal y de forma espectacular, es decir, que no he leído lo suficiente como para considerarme un book-blogger, no nos engañemos.

Y es que este verano empecé probablemente unos 4 o 5 libros considerados buena literatura y solo pude con uno, porque o mi idea de lo que es buena literatura es de un snob que tumba o que aquí se reparte la etiqueta con una facilidad que ya sería bueno que nos miráramos; para finalmente recurrir a mi vicio   conocido, la ciencia-ficción, para poder leer *algo*, da igual el que, para tener un libro entre las manos. Ni que decir que ese uno, bien vale la pena, y es que Graham Greene debería leerse más y The Heart of the Matter bien compensa por unos cuantos meses de sequía.


Así me estuve hasta que llegó diciembre y de repente me entró hambre y con el filtro puesto de momento, pues parece que solo detecto buena comida. All Quiet on the Western Front es un momento de inspiración que te quema los ojos y te hace preguntar en que clase de ficción vivimos y en que clase de mundo quieres vivir. Y es que lo mejor, al parecer estaba por venir, al parecer, así que me alegro de haber empezado al año con mal pie, porque al final me ha recompensado: Nights at the Circus de Angela Carter, me estaba esperando. Hacia tiempo que quería leer un libro así y aún no lo sabía. Un libro femenino y masculino, surreal y mágico, como una danza de sombras reflejándose en la nieve de la taiga. Probablemente exagero, pero, en serio, el libro que más me ha gustado de este 2014 (y es que el de Robert Hughes me lo terminé en 2013).



PS: Ahora, como si tuviera la tenia, cargo con una lista en mi teléfono de cosas que me gustaría poder leer este año.



[Arte Crédito: 1."Trollens styfdotter" by John Bauer, 1915. 2. STARS Song - 1921 - Sheet Music - Lyrics by James Lamont Haven Gillespie, music by John Alden - Van Alstyne & Curtis Music Publishing Co.]

12 junio 2014

Promethea de Alan Moore y JH Williams III



Hace una temporada que quiero hablar de Promethea, pero cualquiera habla de Promethea, sobre todo cuando los autores mismos buscaron alienar a su audiencia una vez la serie estuviera a medio cocer. Pero, como todo, o como muchos libros, es entrar y caer al vacío, tipo Alicia. 

Premisa básica: podemos ser superhéroes. En un New York muy parecido al nuestro, pero en la que la ciencia es dominante, Sophie Bangs busca en cómics antiguos y series pulp de hace años a la elusiva Promethea, un personaje que aparece y desaparece de la nebulosa de la ficción colectiva a intervalos. ¿Conocéis el dicho de cuidado con lo que deseas? Pues eso le pasa a Sophie, que la encuentra, mejor dicho, que encuentra su última encarnación en Barbara Shelley. Y es que Promethea es una representación, es la imaginación, la emoción, el sentimiento, expresado a través de la ficción y el arte y como tal "aparece" cuando alguien la pinta, la describe, la escribe. ¿Y cómo aparece? al estilo superhéroe (Wonder Woman, Xena?). 

Es por eso que Promethea no es dos veces igual, Promethea a lo largo de sus representaciones a manos de distintos artistas posee y ha poseído virtudes y poderes distintos… y la Promethea de Sophie es y será la Promethea más poderosa de todas, así es como la escribe Sophie al fin y al cabo. 

Pero con tanto poder, a Promethea le aparecen nuevas responsabilidades, enemigos, maestros, confidentes y un viaje a través de la inmateria hacia el árbol de la vida y los arcanos mayores del Tarot en busca de iluminación, camino, tao, whatever-you-will. Y es esta la parte que resulta compleja, la filosofía inherente a una espiritualidad en muchos sentidos considerada habladurías. 

La tanjente: mi abuela, católica a su manera y muy creyente, era también aficionada a la astrología. Tanto que en casa empezamos a llamar "aquelarres" a sus reuniones astrológicas. Según las premisas de la religión católica, la astrología es ficción, herejía (no me citéis en esto) pero, sobre todo, y ante todo, perjudicial para el creyente (... la ironía). Cómo para ella no eran contradicciones, nunca lo entenderé, pues a pesar de que entiendo de contradicciones humanas, soy atea, así que me falta una de las bases para poder entender su sistema de valores. Con todo esto, si que recuerdo las fascinantes historias que se acumulaban una tras otra en las cartas del tarot que me enseñaba, los símbolos, la narración que surgía de cada una de ellas, producto de años de practicantes y sus distintas voces. Una tras otra, mientras las echaba, lo que estaba construyendo para mi era una historia, una historia de potencialidad inherente. 

¿Creo en ello? en gran medida es probable que sea de lo menos espiritual que os hayáis encontrado nunca, pero las historias me fascinaban en su infinita capacidad de posibilidades. 

Promethea es como tener delante a Alan Moore haciendo lo mismo, explicándome una historia, una detrás de otra, siguiendo un orden y lentamente explicándome, con una nueva voz, una historia que se parece a algo que has oído antes*. No tienes que creer en ella, esto no es doctrina, y no necesitas de aquel maravilloso vocablo que parece engullir explicaciones, fe… solo imaginación. 




*El truco de usar referéncias culturales… Promethea? Sophie?

03 diciembre 2012

Breve 01: Aurore, The Sense of an Ending, Rat Girl

Breve. 
(Del lat. brevis). 1. adj. De corta extensión o duración. 2. m. Documento emitido por el Papa y redactado en forma menos solemne que las bulas. 3. m. Texto de corta extensión publicado en columna o en bloque con otros semejantes. 4. m. ant. membrete. 5. f. Mús. Nota antigua equivalente en duración al doble de la redonda o semibreve. 6. adv. t. en breve. en ~. 1. loc. adv. Dentro de poco tiempo, muy pronto.

1. Aurore de Enrique Fernández (Norma Editorial): La sombra de Ghibli no sólo es larga si no que es inmensa. Enrique Fernández publicará siempre en Francia primero, pero, tarde o temprano, sus libros llegan aquí. Esta es la historia de una niña que acaba atrapada en el mundo de los espíritus y debe encontrar una canción que salve a su pueblo. Es una fábula, un cuento de esperanza, naturaleza (¡Ghibli!) y sacrificio, y como las leyendas fundacionales de muchos pueblos, cruel. 



2. The Sense of an Ending / El Sentido de un Final de Julian Barnes (Anagrama). Mi primer libro de Barnes y no se aún que opinar. Por una parte su prosa, su sutilidad, su inteligencia, su sentido de puesta en escena son magníficos. Pero es como estar en medio de dos fuerzas divergentes, hay algo que me hace imposible conectar con la historia. Es quizás una cuestión de expectativas, y no me refiero únicamente a las mías como lectora, sino que las expectativas que se infieren de la responsabilidad personal de los personajes y el inherente sentido de culpa me parecen desproporcionados.

Pensad en vuestras acciones y sus irremediables consecuencias y, sobre todo, a la memoria de tales. Es una lección sobre la inestabilidad de la narrativa que nos construimos alrededor de nuestra vida. Y eso le toca hacer a Tony, cuando de repente, ya jubilado, recibe una herencia que no esperaba, extrañamente apropos, y de repente, su sentido de la supervivencia complaciente debe enfrentarse a aquello del 'recoges lo que siembras' y al menos se consciente de lo que verdaderamente siembras. 

Es un muy buen libro, no lo dudéis ni por un momento, intenso e inteligente... sólo que no es *la* obra que me esperaba. 



3. Rat Girl de Kristin Hersh (Alpha Decay). Y me direis "¿otro músico que se pone a escribir? Oh NO" y yo digo, "¡no! ¡espera! ¡qué este es distinto!" Pero ¿a que me refiero con que es distinto? esta bien escrito para empezar, y luego, los Throwing Muses nunca fueron un grupo-bandera o de los Top 10.  

Me gusta la música (¿a quién no?) y aunque no llego al nivel de obsesión y conocimiento de algunos de mis amigos, es una de mis pasiones. Y sin duda me gusta el "ruido" del que siempre hablaban mis abuelos. Pero es que cuando el ruido de mi adolescencia produjo grupos como Throwing Muses, sinceramente considero que de poco me puedo quejar. A diferencia de las geniales memorias de Mr. E, el mundo de Kristin Hersh, la vocalista de TM, es más psicodélico, maníaco, lírico y personal. Algo más comunal e íntimo a la vez, aunque parezca una contradicción ("el grupo" es de vital importancia para Kristin). Más fluido. Pero como con Mr E, su personalidad desborda y de nuevo te preguntas ¿de verdad son tan importantes las cosas que nuestra sociedad considera como imprescindibles? 

¿Qué es lo que verdaderamente nos importa? 

22 enero 2012

Un Lugar Equivocado de Brecht Evens

Tener amigos no es nada fácil, requiere un trabajo constante, pero es, casi siempre, merecedor del tiempo que se le pueda dedicar; mantener todo una red social es algo más complejo y no siempre vale la pena. Vivir entre facebook y twiter (dónde los "amigos" se numeran) hace que las distinciones entre ambas se diluya y las confundamos.
Brecht Evens es el tipo de ilustrador que tiende a apasionarme, así que descubrir además que es dibujante de cómics lo convierte en claro objetivo de mis lecturas.
En Un Lugar Equivocado, editado por Sins Entido, Robbie y Gert representan los dos opuestos en la escala social que parece prevalecer entre muchos jóvenes adultos, el triunfador al que todo le sale bien y el pringado al que nadie hace mucho caso. En cierta manera dos arquetipos en esta extraña escala social de la popularidad, pero quizás no tan distintos de gente a la que todos conocemos, todos somos un poco Gert y un poco Robbie

La historia no soluciona nada, pero estudia y analiza en parte como funcionamos en un mundo lleno de redes sociales. Y lo más curioso de todo es que, como vemos en alguna de las escenas, no hay demasiada diferencia real entre ambos personajes... excepto la percepción que de ellos tienen todos los que les rodean.

El estilo es magnífico, innovador. Simple y colorista, sin tinta, a cada carácter le corresponde un color, incluso para el diálogo.

Un Lugar Equivocado es una lectura interesante y rápida, algo surrealista, pero ¿no es siempre esa la más real? Probadlo si os gustan los cómics, más si os gustan las lecturas inusuales, no por nada ganó el Premio a la Audacia en Angoulême.



[Imagen via Brecht Evens Flickr]

24 agosto 2011

Sabine de Maya Mihindou

'Cette histoire est trop grande pour les oreilles trop petites!' dice Anys.

Como muchos otros lectores obsesivos incapaces de resistirse a la palabra escrita, soy también incapaz de resistirme a los libros ilustrados y los cómics, sí, soy de las que tienen ilustradores y artistas favoritos, de las que se compran láminas y siguen blogs de arte e ilustración.

En una de esas excursiones de internet encontré a Maya Mihindou… y en cuanto ví que tenía un libro publicado no pude resistirme, su estilo me entusiasma.

Es la primera vez que recomiendo un "cómic" (palabra más que difusa en castellano, pero mejor que la pijada al uso de "novela gráfica") y más uno que aún no he terminado (cosa que no me gusta del todo hacer, recomendar algo sin habérmelo terminado) pero nada más leer las primeras páginas, el mundo de Sabine me tiene atrapada y no puedo resistirme a compartirlo.

Detallista, surrealista, con intensos bloques de colores, al mismo tiempo que un uso muy pensado del blanco y el negro, claramente inspirado por el estilo manga más experimental y en al arte folclórico africano… Sabine es la historia de un viaje, un viaje en el que la autora se estuvo unos dos años y que se sirve de más de un método de narración, una fantástica mezcla de cómic, fragmentos de poesía iluminados, páginas enteras de texto así como páginas enteras ilustradas.

Varios artículos que he leído definen la historia de "mestizaje de culturas" tanto en forma como en contenido, pero creo que es más que eso. Quedarse en esa simple apreciación significa no ver la corriente en la que se puede entender una obra como esta: una de esas manifestaciones típicamente urbanas actuales, como los graffitis de Kouka, en los que la busca de identidad en las grandes urbes parece ser identidad en sí misma.

Sabine es también un destino, la ciudad a la que Blanca (que quiere ser una sirena), Sacha (capaz de entenderlo todo) y Anys (que no habla desde que murió su perro) se encaminan después de que la Grand-mère l’Autre, la memoria de Moabi, su pueblo, muera. Así que Sabine es ante todo, y sobre todo, un viaje onírico, hilarante, surrealista, un viaje sin final, de abandono de la infancia y de búsqueda de conocimiento (cómo todos los viajes literarios que se precien de serlo).

El sello Venus Dea de Editions Soleil ha publicado este maravilloso libro.
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