Bueno, la culpa de todo lo tiene la película, no lo negaré. Te paseas por la ciudad, ves carteles constantemente, la chica es guapa, vendes los libros a niños que sabes que les gusta leer. Una amiga te lo recomienda. Piensas "me miraré la peli una noche así para pasar el rato", la miras, piensas que por fin una adolescente que te gusta, seca, borde, apañada, independiente (te habías desesperado con la pava de Bella Swann)... y te tienes que esperar más de un año, tirando a dos, para saber como acaba la trilogía. Ni hablar. Te lees los libros, son fáciles, en una semana los has liquidado los tres.
Y te gustan. No son alta literatura, pero te gusta que Peeta pierda una pierna, que ella acabe con quemaduras por todo el cuerpo, una cicatriz enorme en el brazo, que, a pesar de todo, Katniss pierda lo que le hizo luchar en los primeros Juegos, que la revolución no sea el edén perfecto. Qué lo de acabar bien sea un término relativo.
Esta no me la esperaba ni yo.
Si fuera para adultos caería en el campo de lo que los ingleses llaman: 'speculative fiction', un término que me parece fantástico y absurdo en partes iguales, pues en el fondo, toda ficción es especulación. Pero no tengo porque someteros a mis manías semánticas.
The Hunger Games es básicamente una nueva recreación del eterno pan y circo romano (cerveza y fútbol ahora para nosotros), no por nada se llama Panem la capital y no por nada son los juegos un nuevo circo. Tal y como están las cosas, me parece un libro fantástico para enseñar los peligros y las trampas de las soluciones fáciles que llegan de arriba, a toda una nueva generación. Las panacea política no existe, la sociedad ideal menos.
No me extraña que las clases más conservadoras de EUA lo hayan incluido en sus listas de libros prohibidos. Yo luego les daba 1984 y Un Mundo Feliz.
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