Imaginaos un frasco en el que dentro revolotea una hermosa mariposa que choca constantemente contra el cristal. Imaginaos una historia victoriana de amor pasada de vueltas. Imaginaos un thriller moderno y agobiante de las que hoy abundan en el cine. E imaginaos ser mujer en cualquiera de estos contextos.
Cuando nacemos, la mayoría de nosotros (no todos, nunca caigamos en esa tentación normalizadora) ni siquiera nos planteamos que significa nacer hombre o nacer mujer. Será genética, será el ambiente, me da igual, solo los años nos separan, cubriéndonos de una patina de circunstancias y expectaciones. Así que en ocasiones aquello de "ser mujer" da una sensación de ser un constructo externo.
A pesar de todo ese discurso políticamente adecuado, aún recuerdo lo que sentí en aquel momento, debía tener unos ventytantos años, en el que uno de mis hermanos, me cogió y me movió según su antojo y cómo no pude hacer nada para resistirme porque él ya era físicamente más fuerte que yo. Eso si que fue una epifanía extraña.
Y allí reside el nudo de The Collector. En el poder. El poder expresado a través de un conflicto de clase y de género. La esencia de la sociedad moderna.
The Collector es la historia de Frederick Clegg, (Ferdinand según él y Caliban para ella). La masa bien pensante, el mainstream de lo mediocre, la superficie de la esencia. Y es también la de Miranda Grey, los "pocos", la élite contracorriente, la inquietud, la sinceridad angustiosa. ¿Quién se come a quién? Quizás esperaba un final de película, pero, cómo puede uno cuándo ya desde el principio tienes las claves del libro: "El coleccionista" (de mariposas). Ni vivas, ni sueltas; encerradas en sus cajones y disecadas con sus agujas y sus esqueletos de metal.
Oh, Miranda, Miranda, Miranda, frente a la libertad que buscas cualquier Ferdinand será tu Calibán. Estaba algo dispuesta a que no me gustaras, pues la voz de Clegg es casi opiacea, adormecedora, pero a la que tomas la palabra, oh Miranda, tu vitalidad rebosa y desborda las palabras que te contienen. Es entonces cuando lo que Clegg no puede entender y nos traduce en berrinches de niña mimada que no se conforma, se convierten en inconformismo profundo a las barreras y los límites aleatorios.
Sin Miranda, sin esa voz que arrasa el relato, el verdadero impacto de este libro sería terriblemente insípido, es gracias a ella que recuperamos la capacidad de *sentir* lo que quiere decirnos, que recuperamos la capacidad del horror.
Los ingleses usan, en ocasiones, la palabra 'tight' para describir la solidez de un libro y no puedo más que usarla yo también, The Collector es un libro al que ni le falta ni le sobra nada, atado y ligado con mano maestra. Capaz de dibujar en mi mente los mundos dispares de Clegg y de Miranda, así como crear esa imagen de la mariposa encerrada, no sólo mediante el texto si no también a través de la construcción del texto. Cómo cuando se te quema en la retina la luz del sol y cuando cierras los párpados sigues viéndola.
Si esta es una primera obra, Mr Fowles me tiene usted enganchada para siempre.
· LEED (y no es broma): El Coleccionista por Blumm de La Manía de Leer, que la lectura se la debo a él. Muchas gracias.
· Y que no se me olvidé: la maravillosa editorial Sexto Piso ha publicado el libro en castellano este 2012 mismo.
[Imagen via BloodMilk Tumblr]
