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19 enero 2014

The Magus de John Fowles




Una de las últimas fotos de un libro que puse aquí fue la de The Blessing de Nancy Mitford, que encontré en una tienda de segunda mano en Georgetown.

Me compré The Blessing cuando el libro que me tenía atrapada en aquel momento, The Magus de John Fowles, me dejaba completamente exhausta sólo con un par de páginas; a pesar de eso volví encantada y bien rápido a él. La frivolidad de Mitford me dejó, no puedo negarlo, levemente indiferente frente al complicado juego al que Fowles se arriesgaba.

Por otra parte, quien me hubiera dicho que mi primer impulso al terminarlo fuera exclamar más de un improperio y desear lanzarle el libro a la cara al primero que se me cruzara... ante lo que no pude evitar darme cuenta de estar, de repente, actuando como Nicholas en medio de una de sus rabietas. Es entonces que me paro, me miro el libro y no puedo evitar reírme, risa de disgusto, de incredulidad y de, por que negarlo, cierta complicidad, soy una de las iniciadas.

Pocas veces me encuentro con un libro con el que me tengo que pelear tanto, que me hace pensar, que me exaspera, me cansa y que sólo en pocas ocasiones me satisface. Pocas veces me encuentro con un personaje al que detesto tanto como a Nick, pero que por algún motivo no puedo evitar compadecer y simpatizar en ocasiones. No ha sido nada fácil llegar hasta el final sin darme por vencida, pero la responsabilidad es toda mía y esa es una de las maravillas del libro, nos ha avisado, una y otra vez de que todo lo que ocurre no es más que un juego mental, una manipulación... es mi propia responsabilidad la de quedarme hasta la última página y seguir intentando sobrevivir el juego mental al que me somete.

Si hubiera querido lo podría haber dejado, nadie me obliga a quedarme hasta el final. Será que he terminado formando parte de mi propia conspiración. 

02 noviembre 2012

The Collector de John Fowles

Imaginaos un frasco en el que dentro revolotea una hermosa mariposa que choca constantemente contra el cristal. Imaginaos una historia victoriana de amor pasada de vueltas. Imaginaos un thriller moderno y agobiante de las que hoy abundan en el cine. E imaginaos ser mujer en cualquiera de estos contextos.

Cuando nacemos, la mayoría de nosotros (no todos, nunca caigamos en esa tentación normalizadora) ni siquiera nos planteamos que significa nacer hombre o nacer mujer. Será genética, será el ambiente, me da igual, solo los años nos separan, cubriéndonos de una patina de circunstancias y expectaciones. Así que en ocasiones aquello de "ser mujer" da una sensación de ser un constructo externo.

A pesar de todo ese discurso políticamente adecuado, aún recuerdo lo que sentí en aquel momento, debía tener unos ventytantos años, en el que uno de mis hermanos, me cogió y me movió según su antojo y cómo no pude hacer nada para resistirme porque él ya era físicamente más fuerte que yo. Eso si que fue una epifanía extraña.

Y allí reside el nudo de The Collector. En el poder. El poder expresado a través de un conflicto de clase y de género. La esencia de la sociedad moderna.

The Collector es la historia de Frederick Clegg, (Ferdinand según él y Caliban para ella). La masa bien pensante, el mainstream de lo mediocre, la superficie de la esencia. Y es también la de Miranda Grey, los "pocos", la élite contracorriente, la inquietud, la sinceridad angustiosa. ¿Quién se come a quién? Quizás esperaba un final de película, pero, cómo puede uno cuándo ya desde el principio tienes las claves del libro: "El coleccionista" (de mariposas). Ni vivas, ni sueltas; encerradas en sus cajones y disecadas con sus agujas y sus esqueletos de metal.

Oh, Miranda, Miranda, Miranda, frente a la libertad que buscas cualquier Ferdinand será tu Calibán. Estaba algo dispuesta a que no me gustaras, pues la voz de Clegg es casi opiacea, adormecedora, pero a la que tomas la palabra, oh Miranda, tu vitalidad rebosa y desborda las palabras que te contienen. Es entonces cuando lo que Clegg no puede entender y nos traduce en berrinches de niña mimada que no se conforma, se convierten en inconformismo profundo a las barreras y los límites aleatorios.

Sin Miranda, sin esa voz que arrasa el relato, el verdadero impacto de este libro sería terriblemente insípido, es gracias a ella que recuperamos la capacidad de *sentir* lo que quiere decirnos, que recuperamos la capacidad del horror.

Los ingleses usan, en ocasiones, la palabra 'tight' para describir la solidez de un libro y no puedo más que usarla yo también, The Collector es un libro al que ni le falta ni le sobra nada, atado y ligado con mano maestra. Capaz de dibujar en mi mente los mundos dispares de Clegg y de Miranda, así como crear esa imagen de la mariposa encerrada, no sólo mediante el texto si no también a través de la construcción del texto. Cómo cuando se te quema en la retina la luz del sol y cuando cierras los párpados sigues viéndola.

Si esta es una primera obra, Mr Fowles me tiene usted enganchada para siempre.




· LEED (y no es broma): El Coleccionista por Blumm de La Manía de Leer, que la lectura se la debo a él. Muchas gracias.
· Y que no se me olvidé: la maravillosa editorial Sexto Piso ha publicado el libro en castellano este 2012 mismo. 

[Imagen via BloodMilk Tumblr]
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