Si algo acabas aprendiendo sobre David Vann a través de sus novelas es que le fascinan (para bien y para mal) el suicidio y la naturaleza sobrecogedora de Alaska, y que, de alguna manera, ambos están fuertemente ligados. Lo fácil sería acercarse a alguno de los artículos que se publicaron por todas partes cuando su Sukkwan Island empezó a tener algo de éxito por estos lares y exclamar un “ah!” de iluminación cuando nuestro pseudo-psicólogo interior (todos tenemos uno, siempre dispuesto a analizar la vida de los demás, para así evitar la propia) empiece a encajar ideas con historia. Y por supuesto que yo lo hecho (porque soy una cotilla, lo sé).
Pero en el proceso tampoco he aprendido nada nuevo, algo que siempre ocurre (y también lo sé); que para David Vann el paisaje exterior es un reflejo del interior y que la desolación es uno de sus estados preferidos de narración, lo averiguas con sólo leer alguno de sus libros
Caribou Island es, en gran medida, el mural a la miniatura de Sukkwan Island.
En la titular isla Caribou, Gary e Irene, juntos desde hace más de 20, construyen una cabaña en la que Gary se ha empeñado pasar el invierno. Conforme la construcción avanza, el mal tiempo les rodea y amenaza, en claro reflejo al estado de deterioro voraz en el que su matrimonio se encuentra. Inevitable como el invierno mismo, las consecuencias serán devastadoras para ambos, y para los que les rodean.
Y aquí otro de los temas más interesantes a los que David Vann nos enfrenta: la circularidad, la inevitabilidad, el que ya sea por genética, el entorno, quien sabe, el destino o las tres brujas, a estar condenados a que la historia se repita. A repetir los mismos actos y circunstancias experimentados por nuestros padres, a condenar a nuestros hijos a la misma cadena de acontecimientos.
Es un texto con mucho de tragedia griega, la caída del héroe (y la condena consecuente de sus descendientes) por un pecado de hubris y el castigo correspondiente. El sufrimiento, el reconocimiento de ese “pecado”, la catharsis… unos pueden ver en Gary al “héroe”, darle el papel a Irene (el descenso de Irene a los infiernos es de una gran fuerza y belleza, triste y sobrecogedor) sería, en mi opinión, igual de válido, pero más interesante aún es dárselo a ambos, como entidad, como “matrimonio”. Ambos serán culpables y víctimas y a ambos los devorará la tormenta.
Caribou Island es una novela desolada y desoladora, íntima, cruda, de una gran carga emocional y muy hermosa.