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15 julio 2013

The Man Who Fell in Love with the Moon de Tom Spanbauer



Todo lo que escribo, todo lo que he escrito hasta ahora, es parte de la historia que me creo que es mía. Para hablar de libros hablo de mi, para hablar de mi hablo de libros, cómo hacemos todos, no soy excepción o excepcional, sólo intento descifrar, mientras escribo la entrada, el porque me gusta o disgusta un libro y para hacerlo recurro a la fuente que tengo más cercana, yo misma. ¿Me ha traído mi  conocimiento de algo algún tipo entendimiento? 

Supongo que de eso se trata. O no. 

Clasificar "The Man Who Fell in Love with the Moon" como literatura queer se me queda corto, es como intentar aplicar una etiqueta simple a palabras que abarcan mucho más de lo que parece. No os puedo decir que es como si Emil Sinclair, de repente, se despertara en el salvaje oeste sin saber exactamente de quién o qué es, pero también lo podéis leer así. O no, es más que eso. 

Estamos en el 'Wild West', donde mineros borrachos y prostitutas viven al lado de Mormones y sus sermones e iglesias (y Dr. Fong). En Excellence más concretamente, dónde Shed (de 'Out-in-the-Shed', él os explicará porqué), mitad Bannock, ¿o era Shoshone? mitad tybo ("no indio", como payo para nosotros), mitad hombre, mitad mujer... no, espera, más bien un chico de chicos o el niño que se fue directo a la boa de plumas, nacido en el prostíbulo de Ida Richelieu, se convierte en el secreto mejor guardado del prostíbulo. En el cobertizo que le da nombre Shed empieza a ganarse la vida atendiendo a aquellos clientes que muestran inclinación por lo "exótico". 

Pero es que de eso no va la novela, me quedo corta si sólo os explico esto. 

Por el camino, Shed se cruzará con Dellwood Baker quien le enseñará sobre ese estado intersitial en el que viven los berdajes/berdaches (más allá de nuestras palabras "homosexualidad" o "transexualidad"), sobre sexo y amor, sobre la luna, lo que significa ser padre, lo que significa vivir siendo un eterno mestizo. 

Hay mucho sexo por todas partes, pero es que para Shed, la 'sex-story' de cada uno es sin duda una 'story', una historia entre dos personas, pero historia al fin y al cabo, pues es probable que de eso vaya todo. De historias. De las historias que nos explicamos y que nos construimos para explicarnos quienes somos, pues aún no hay ningún sitio, dentro de nosotros mismos que podamos señalar y etiquetar como "ese/a soy yo". 

De identidad, entonces. De sus constructos, de nuestros constructos, nuestras historias para crear identidad. 

Y aún me quedo algo corta, sobre todo si pretendéis seguir la voz de Shed, ese fluir que es su conciencia, un 'moves moves' (el movimiento que sostiene el mundo) que nos lleva arriba y abajo sin cesar, intentado seguir la historia que nos cuenta. Quizás lo más difícil y satisfactorio de la novela, la voz de Shed, poética y fluida como las aguas termales que tanto le gustan.

Pero tened en cuenta lo que nos dice ya desde el principio "son todo historias locas explicadas por gente loca", aunque tampoco olvidéis que las mejores historias son siempre las verdaderas, no las menos locas.




*Sergio de Galletas Chinas tiene una fantástica entrada sobre el libro. ¡Leedla!



Tom Spanbauer
El Aleph Editores
ISBN: 9788415325581



















[Foto de We-Wa, un berdaje Zuni]
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