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25 enero 2012

The Stranger's Child de Alan Hollinghurst

Uno de los aspectos de la literatura que siempre me ha gustado es su carácter autocontemplativo y claramente  reflexivo: de los grandes temas uno es, y ha sido siempre, la literatura misma. Encontrar interesante el egotismo inherente de este mundo puede parecer absurdo pues pocas veces lo aguantamos en nuestra vida diaria, pero no nos engañemos, hay algo instrínsecamente atrayente en este juego de divismos intelectuales.
Alan Hollinghurst juega en The Stranger's Child con algo que a los lectores que somos lectores de aquello que se empeñan en llamar narrativa literaria conocemos a la perfección: el mito de un autor y el consiguiente conjunto de constructos, intereses y narrativas que lo sustentan; la Academia. Y que sea todo ello cierto o no, poco (o nada) tiene que ver con el autor mismo, pues esa verdad no es la que parece importar.

En 1913, el poeta Cecil Valance (Lord Cecil Valance de Corley Court, por cierto), pasará un par de días de verano en la finca de la familia de su amante George Sawle, Two Acres. Durante esos días escribirá en la libreta de autógrafos de la hermana pequeña de la familia Sawle, Daphne, un poema que se convertirá en la representación de esa Inglaterra de casa de campo y jardín que desaparecerá con los años.

Será lugar común pensar que el poema, llamado también "Two Acres", lo dedicó Cecil Valance a Daphne, pero queda fuertemente implicado algo más en la narración: la idea que el poema no sólo debía ser más largo, si no que probablemente no lo escribió para Daphne. A partir de entonces serán dos los recorridos que seguiremos: el mito literario de Cecil evolucionando a lo largo de los años y los atisbos a otra realidad oculta (esa historia oculta de la homosexualidad). Una realidad que, y eso es uno de los mejores aciertos del texto, nunca se aclarará del todo. Sea cual sea el motivo tras la creación del poema, sean cuales sean sus fuentes, sus inspiraciones, se las quedará Cecil Valance para consigo mismo, y cada uno de sus estudiosos, tanto filológicos como biográficos (siempre con un agenda propia, no lo olvidemos) estará tan en lo cierto como completamente equivocado.
Es esta una historia de retazos, recuerdos y sombras, llena de opiniones divergentes y recuerdos incompletos. Es una novela de clases, de literatura y de la parcialidad con la que se escribe la historia; y en el centro, casi siempre, Daphne Sawle, igualmente despreciable y atrayente, así como, en menor medida y como voz de la historia oculta, George Sawle, gris, inteligente, poco social, honesto y deshonesto en partes iguales.

Alan Hollinghurst crea una estructura compleja y de gran belleza, llena de sutilezas y pequeñas sugerencias capaces de crear varios campos de referencia, pero, otro gran acierto de la novela, toda esa capacidad narradora de la que hace gala, toda esa capacidad técnica estará siempre al servicio de la historia, nunca al revés. The Stranger's Child es una novela ágil, pero no fácil, sencilla pero no simple, que, ante todo, pide al lector atención, complicidad y sentido del humor. Una muy buena lectura claramente merecedora del Man Booker de este 2011.


Extra: Alan Hollinghurst leyendo el primer capítulo de The Stranger's Child.


[Fotos vía The Vintage Showroom, Charles de Beaumont es, un poco, como me imagino a Cecil Valance]
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