Sobre gustos y disgustos dicen que no hay nada escrito. Mi abuelo siempre responde a ese lugar común diciendo que, en realidad, hay muchísimo escrito, otra cosa es que nos pongamos de acuerdo (así que me dedico a añadir un poco más).
Este texto se lo debo a la entrada del blog de Magrat, donde comentaba la maravillosa película de Bright Star, pues me dio, de hecho, bastante en que pensar (en temas como nuestros gustos o como nos reflejamos en los personajes femeninos del cine o la literatura, así como en, más particularmente, que me gusta ver a mi en esos personajes). Debo admitir que su opinión sobre Fanny me sorprendió, lo que probablemente es un arranque de arrogancia por mi parte, pues como personaje yo encontré a Fanny fascinante.
Así que me senté, me miré la película de nuevo y me pregunté ¿por qué me gusta tanto la Fanny de Jane Campion?
Y así me encuentro con la primera imagen de Fanny en la película: trabajando de madrugada en una labor cuando su hermana pequeña se despierta y la mira, así que, la primera sensación que tienes del personaje es que es trabajador, detallista... y el centro de la historia, pues es hacia ella que la mirada de la más pequeña se posa (como aparte; no olvidemos que el poema que da título a la película, Bright Star, es sobre Fanny, el objeto pasa a la posición de sujeto).
La segunda vez que la vemos es entre barro y en un entorno básicamente oscuro y gris, con el resto de su familia, claramente la más extravagante, consciente entonces del valor que tiene su labor como costurera. Es elegante y es vanidosa (ha cambiado el verbo de la frase; Jane Campion, al mostrarnos escenas del trabajo y el talento de Fanny como costurera, así como sus resultados, equipara su valor al del poeta).
Para la tercera escena ya está discutiendo con Brown, algo que parece un feudo bastante irremediable, que se mantiene en ciertos tonos civilizados pero con un fondo de verdadero desagrado. Fanny es divertida e inteligente, algo sabionda, aunque claramente carece del fondo intelectual de Brown, es vengativa y tiene “enemigos”. Es dramática. Tiene apenas 18 años.
.... Y ahora acordaos de vosotros mismos a esa edad.
Antes de que se descubrieran las cartas de Fanny, muchos desconocían la importancia de su existencia en la vida de Keats mientras otros la consideraban, como poco, dañina y, por supuesto, no a la altura del amor del poeta. Otros muchos, recuperaron, con esas cartas, la imagen de una mujer merecedora de Keats.
Pero salgamos de las generalizaciones de "ellos", en el fondo da igual, pues da igual si uno se merece algo o no... nada tiene que ver con la vida real.
Jane Campion crea una historia donde nuestra tendencia a contar méritos carece de motivos, una historia donde Fanny es más mundana, más dramática, más real(ista) que Keats, pero también mucho más constante (curiosamente será él el que tenga más dudas de los dos, el que rompa con ella para luego volver); donde ambos son, sencillamente, dos chicos jóvenes que se enamoran. Distintos y lejos de ser perfectos, pero sinceros en lo que sienten.
O tan sinceros como cualquiera de nosotros pudiera serlo.
Jane Campion crea una historia donde nuestra tendencia a contar méritos carece de motivos, una historia donde Fanny es más mundana, más dramática, más real(ista) que Keats, pero también mucho más constante (curiosamente será él el que tenga más dudas de los dos, el que rompa con ella para luego volver); donde ambos son, sencillamente, dos chicos jóvenes que se enamoran. Distintos y lejos de ser perfectos, pero sinceros en lo que sienten.
O tan sinceros como cualquiera de nosotros pudiera serlo.
Supongo que por eso me gusta Fanny (al fin y al cabo, no todas podemos ser Elisabeth Bennet... gracias a dios).
